San Antonio nació
en Portugal, pero adquirió su apellido por el cual se conoce
todo el mundo, de la ciudad italiana de Pádua, donde murió
y aún hoy se conservan sus reliquias. El
Papa León XII lo llamó "El santo de todo el mundo"
porque su imagen y devoción se encuentran por todo el mundo.
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Vino
al mundo el año 1195 y se llamaba Fernando de Bulloes
i Taviera D'Azevedo, nombre que cambió por el de Antonio
al ingresar en la orden de los Franciscanos a principios de
1221.
Poco
después embarcó a Marruecos para predicar el evangelio.
Pero
en cuanto llegó fue atacado por una grave enfermedad (hidropesía),
que lo dejó postrado e incapacitado durante diversos
meses.
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De vuelta a Europa
la nave en la que se embarcó empujada por fuertes vientos,
se desvió y fue a
parar a Messina, la capital de Sicilia, desde donde viajó a
la ciudad de Asís para asistir a un capitulo general de la
orden franciscana, en la cual San Francisco estuvo presente. Después,
Antonio fuea hacerse cargo de la solitaria ermita de Sant Paolo, cerca
de Forli.
Sucedió que al
celebrarse una ordenación en Forli, los candidatos franciscanos
i dominicos se reunieron en el convento de los frailes de esa ciudad.
Seguramente a causa de algún malentendido, ningún de
los dominicos había acudido ya a pronunciar la acostumbrada
locución durante la ceremonia y como ninguno de los franciscanos
se sentía capaz para aquella tarea, se ordenó a Antonio
allí presente que fuera a hablar y que dijera que el Espíritu
Santo le inspiraba. El joven hizo un improvisado discurso, que todos
los presentes escucharon encantados.
En una ocasión,
cuando los no creyentes impedían al pueblo acudir a sus sermones,
San Antonio se fue a la orilla del mar y se puso a gritar: "Oigan
la palabra de Dios, ustedes los pececillos del mar, ya que los pecadores
de la tierra no la quieren escuchar". A su llamada acudieron
miles de peces que movían la cabeza en señal de aprobación.
Aquel milagro se dio mucho a conocer y conmovió a la ciudad.
Poesía una personalidad atractiva, casi magnética. La gente le seguía
para escucharlo. A menudo las iglesias no eran suficientemente grandes
para albergar tanta gente i para que nadie dejara de oirlo a menudo
predicaba en plazas públicas o mercados. Poco después
de la muerte de San Francisco, Antonio obtuvo del Papa la autorización
para dejar su puesto de lector i dedicarse exclusivamente a la predicación.
Desde ese momento,
el lugar de residencia de San Antonio fue Pádua, una ciudad
donde anteriormente había trabajado y donde todos le querían...
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